Las órdenes del amo se cumplen al milímetro. Los mismos que impulsan la tensión callejera a través de sus peones más básicos han ordenado el desalojo de la acampada en la Puerta del Sol. Ya no interesa. Ya no es rentable mantener el numerito en las calles.

Vídeo de Josema Vallejo:

Como siempre, el relato hace aguas en cuanto choca con la realidad: el mismo sector que predica el «todo es de todos» montó en cólera y acusó a la policía porque no les dejaban llevarse sus pertenencias privadas. La propiedad privada solo importa cuando es la suya. Eso sí, detrás de su paso queda la auténtica cara de su «lucha»: toneladas de mugre, porquería, pintadas y contenedores destrozados que los de siempre, los trabajadores de verdad, los currelas, tienen que limpiar.

Nadie debería sorprenderse. Este circo está protagonizado por los mismos niñatos y niños de papá que jamás han dado un palo al agua en su cuñetera vida. Juegan a ser revolucionarios de pacotilla mientras viven bajo el paraguas y la comodidad que les proporciona la familia, ajenos por completo a lo que cuesta ganarse el pan con esfuerzo, madrugones y trabajo real.

Una vez más, queda patente la diferencia entre los que construyen y los que se dedican a destrozar el esfuerzo ajeno.

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