
Sed servidores, no siervos: la lección tras la persecución a Samuel Vázquez
Tras más de tres años de persecución institucional y judicial, la absolución de Samuel Vázquez ya es plenamente firme. La Audiencia Provincial de Madrid tumba definitivamente la condena por «delito electoral» que un juzgado de primera instancia le impuso —diez meses de prisión, multa e inhabilitación— tras su participación en un acto sobre seguridad pública en Fuenlabrada durante la campaña de mayo de 2023.
El tribunal de apelación fue categórico: analizar la delincuencia e influir en el debate público no es pedir el voto, y jamás existió intención delictiva. Aplicando el principio de libertad, la justicia dejó al descubierto la inconsistencia de un expediente que solo buscaba el castigo ejemplarizante.
Sin embargo, el verdadero calado de esta resolución trasciende la victoria en los tribunales. Queda atrás un proceso que afectó a la carrera, a la salud y a la familia, pero que no logró doblegar la dignidad de quien sirve a España y no a la cuota política de turno.
El mensaje que deja esta sentencia no es de victimismo, sino de advertencia y dignidad frente al poder:
«La placa se entrega, los galones se pierden y los ascensos se acaban. La conciencia se queda».
A quienes pusieron la servidumbre política y la carrera personal por encima de la integridad institucional, el recordatorio es claro: Marlaska y Pardo Piqueras pasarán, los destinos en embajadas se terminarán, y llegará el momento de rendir cuentas ante uno mismo.
A las nuevas promociones de policías que llegan a la mejor profesión del mundo, una sola consigna: Sed siempre servidores, jamás siervos. Buscad el honor y no la comodidad del despacho político. Poded acostaros cada noche mirando a la cara a vuestra familia y gritando con orgullo: ¡SOY POLICÍA!
Porque el día después siempre llega. Y ese día, las verdaderas medallas no las cuelga un ministro: te las dan los compañeros en cada rincón de España.
Buen servicio.
