
España: escándalo criminal.
Lo publican un viernes para que no se note: los delitos más violentos se disparan desde 2017.
El Ministerio del Interior ha hecho públicos los datos de criminalidad de 2025 un viernes, a las puertas del fin de semana y en plena tormenta mediática por el escándalo del DAO de la Policía Nacional. Casualidad, dirán algunos. Estrategia de comunicación, pensamos muchos.

Cuando se quiere que algo pase desapercibido, se elige el momento de menor impacto informativo. Y si además hay ruido suficiente como para desviar focos, mejor todavía. Pero los datos, por mucho que se publiquen en viernes, no desaparecen. Y los números son tozudos.
La comparativa no es cualquiera. No hablamos de un trimestre aislado ni de una serie caprichosa. Hablamos de comparar 2017, último año completo antes de la llegada del actual Gobierno, con 2025, último ejercicio del que se han publicado datos bajo su mandato. Es decir, el balance real de un ciclo político completo.
Y lo que muestran las cifras es profundamente preocupante.
Más homicidios, más intentos de homicidio, más violencia grave:
-Los homicidios dolosos y asesinatos consumados pasan de 307 en 2017 a 376 en 2025: un aumento del 22,5%.
-Los homicidios en grado de tentativa se disparan un 76,8%.
-Las lesiones graves y riñas tumultuarias, aquellas que afectan directamente a la integridad física de las personas, crecen un 74,1%.
No estamos hablando de percepciones. Estamos hablando de ataques directos contra la vida y la integridad física.
El dato más demoledor, los delitos sexuales casi se triplican:
-Los delitos contra la libertad e indemnidad sexual aumentan un 85,2%.
-Dentro de ellos, las agresiones sexuales con penetración crecen un 286,7%.
Este es el verdadero termómetro de una sociedad segura: cómo protege a los más vulnerables. Y aquí el balance es devastador.
Secuestros y drogas al alza:
-Los secuestros suben un 65,2%.
-El tráfico de drogas un 75,4%.
Más violencia estructural, más criminalidad organizada, más degradación.

El espejismo del total:
Es cierto que el total de infracciones penales desciende ligeramente. Pero ese dato agregado esconde lo esencial: bajan ciertos delitos patrimoniales clásicos mientras se disparan los delitos más violentos, los que afectan directamente a la vida, a la integridad y a la libertad sexual.
Una sociedad no es más segura porque haya menos hurtos si, al mismo tiempo, aumentan los intentos de homicidio y las agresiones sexuales.
El balance de una etapa:
Comparar 2017 con 2025 es observar la evolución de la criminalidad a lo largo de un ciclo político completo, marcado por cambios legislativos, discursos buenistas y una constante subestimación de la evidencia sobre los delitos más graves.
Durante este tiempo se nos ha repetido que España es uno de los países más seguros del mundo. Que quien alerta de la degradación genera alarma social. Que los datos no acompañan a las críticas.
Pues bien, los datos ya están publicados. En viernes, sí. En medio de un escándalo, también. Quizá con la esperanza de que el ruido mediático los diluya.
Pero la realidad no se diluye:
Cuando aumentan los homicidios, las tentativas, las lesiones graves, los secuestros y las agresiones sexuales, no estamos ante una percepción. Estamos ante un deterioro objetivo de la seguridad.
Y la seguridad no es un relato. Es la primera condición de la libertad.
