
El Fiscal General condenado y Marlaska cómplice.
Ahora que el Fiscal General ha sido condenado, Marlaska debe rendir cuentas: su papel ha sido determinante.

La caída de Álvaro García Ortiz no es un hecho aislado; destapa una forma de operar en el Ministerio del Interior que hace insostenible la continuidad de Fernando Grande-Marlaska. No es solo lo que ha hecho, es a quién ha decidido proteger y a quién abandona de forma sistemática.
1. El «Apagón» de 13 días: La manipulación de pruebas bajo su mando.
Bajo la gestión de Marlaska, la Policía Nacional sufrió un «apagón» informático inédito. La aplicación de registro policial (REGPOL) estuvo fuera de servicio durante 13 días (del 14 al 27 de enero) con la excusa de una «sincronización urgente».

¿La realidad? Ese tiempo se usó presuntamente para limpiar el rastro de una consulta clave sobre el borrado del móvil del Fiscal General. Donde había detalles, ahora solo queda una frase vacía: «solicitando escrito de Fiscalía». Se alteran registros oficiales y se borran correos de funcionarias para evitar imputaciones. Esto ocurre en SU ministerio, señor Marlaska. O usted dio la orden, o ha perdido el control de su propia casa.

2. La vergonzosa doble vara de medir. Lo más indignante es comparar sus reacciones.
Con el Fiscal General (El Político): Cuando imputaron a García Ortiz, Marlaska salió al instante, con una prisa inusitada, asegurando categóricamente que era inocente y que solo «respondía a un bulo». Se jugó su credibilidad por alguien que ha terminado condenado.

Con los Policías (Los Agentes): Sin embargo, cuando un agente se juega la vida en la calle, tomando decisiones de vida o muerte en segundos como usar su arma para neutralizar una amenaza y resulta imputado, guarda un silencio sepulcral. No hay defensa pública, no hay apoyo institucional.
La historia termina así: esos policías a los que Marlaska deja solos suelen ser absueltos después de años de calvario judicial porque actuaron correctamente, mientras que el amigo al que protegió con tanto ímpetu ha resultado ser culpable.
Conclusión: Un Ministro incompatible con el honor de los policias.
Señor Marlaska, la ecuación es sencilla pero demoledora: Usted puso la maquinaria del Estado al servicio del encubrimiento de un condenado, mientras deja a los pies de los caballos a los servidores públicos que arriesgan su vida por nosotros.
Ha manipulado las instituciones para proteger a la élite y ha abandonado a la base. Por higiene democrática y por respeto al uniforme de tantos policías que se han dejado la vida vistiéndolo: DIMITA Y VÁYASE.
