Cuando la UCO molesta, el poder dispara

Mientras la Unidad Central Operativa estrecha el cerco sobre la corrupción política, el Gobierno responde no con apoyo, sino con fuego amigo. No es un error: es el sistema defendiéndose de la verdad.

El cerco se estrecha… y ahora los malos están dentro: UCO, Gobierno y la demolición institucional en marcha

Si algo nos enseñan años y años luchando contra la delincuencia organizada, es que cuando los policías empiezan a tocar la tecla correcta, el sistema tiembla. Y ahora, señores, tiembla. Porque la UCO ha hecho su trabajo. Porque el cerco se estrecha. Porque el hedor de la corrupción empieza a inundar los despachos donde se reparten el BOE como si fuera un club de millonarios. Y, como siempre, cuando el Estado de derecho incomoda a los que mandan, el enemigo pasa a ser el policía.

¿Qué estamos viendo? Lo de siempre, pero con otro envoltorio. Desacreditación pública, ataques a la Guardia Civil desde el mismo Gobierno que debería protegerla, y una estrategia coordinada para vaciar las instituciones desde dentro. Ni más, ni menos.


El nuevo enemigo interno: La UCO

La Unidad Central Operativa lleva años destapando lo que nadie quiere ver: una estructura de poder paralela, que utiliza el aparato del Estado para lucrarse y garantizar impunidad. Cuando esa maquinaria empieza a rozar los despachos donde se firman los contratos de mascarillas, los concursos amañados, o se huele el perfume del entorno de la Moncloa, comienza la operación boicot.

Primero, filtran que la UCO “no encuentra nada” en el caso Begoña Gómez, aunque los procedimientos siguen abiertos. Después, acusan a un exagente de la UCO de fantasear con un atentado contra Pedro Sánchez. Y finalmente, tenemos a una exmilitante del PSOE ofreciendo favores judiciales a cambio de destruir carreras de guardias civiles. Pero, por supuesto, todo es “un hecho aislado”.


Un modelo policial del siglo XX, en un Estado del siglo XIX

Y aquí está el verdadero problema, el estructural, el que llevamos denunciando desde @policiasxxi desde hace años: tenemos una policía institucionalmente medieval. Sin inteligencia operativa real. Sin un sistema de gestión del conocimiento. Sin un modelo de seguridad pública que proteja al ciudadano, en lugar de al político de turno.

La UCO ha podido llegar hasta aquí porque hay talento y compromiso, pero sin herramientas. Sin garantías. Sin modelo. En cualquier país serio de Europa, una unidad como la UCO sería blindada legalmente. Aquí, se les usa… hasta que molestan.

Y cuando molestan, se les filtra, se les desacredita, se les investiga. ¿Quién protege a los que nos protegen? Nadie.


Un cambio de modelo policial urgente y estratégico

Lo llevamos repitiendo hasta el agotamiento: España necesita una reforma integral del modelo policial, como planteamos desde @policiasxxi.

Lo que está ocurriendo ahora es la consecuencia directa de no haber hecho esta reforma hace 20 años. Y mientras no se haga, cualquier agente que haga bien su trabajo, será perseguido si molesta a los que mandan.


Salvar al soldado Ábalos: la prueba de que el sistema protege a los suyos

Ahora ya ni disimulan. Las grabaciones que hablan de “salvar al soldado Ábalos” y las maniobras de contactos entre la cúpula política y agentes implicados destapan algo mucho más grave que una operación de encubrimiento: evidencian que parte del poder está dispuesto a dinamitar la credibilidad de su propia policía con tal de preservar el cortijo.

Que la directora general tenga que salir a reunirse con los mandos de la UCO para “mostrar su apoyo” después de haberse cruzado con una de las piezas del caso, no es respaldo: es control de daños. Si esto no es una guerra contra la verdad, se le parece demasiado.


Conclusión: El Estado contra su Estado

Cuando una democracia sana ve a su policía investigar al poder, la aplaude. Aquí, lo que vemos es al poder reventando a su policía desde dentro. Lo estamos permitiendo. Estamos viendo cómo se institucionaliza el chantaje, cómo se banaliza la corrupción, y cómo se aniquila la meritocracia en beneficio de una élite política que se cree invulnerable.

No hay democracia posible si a los guardianes de la ley se les convierte en rehenes del poder.

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