Manual de Rendición: cómo blindar el negocio y desarmar al Estado

A partir de ahora, por orden directa del Ministerio del Interior, un agente de Policía no podrá sancionar a nadie por consumir droga dentro de su coche aparcado o en movimiento. No es una exageración. Es una instrucción oficial: la 7/2025, firmada por la Secretaría de Estado de Seguridad. La misma que debería proteger a los ciudadanos y dotar de herramientas a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Ha hecho justo lo contrario.

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El argumento es de manual garantista: el vehículo particular es un «espacio privado» con una «cierta expectativa de privacidad». Por tanto, como el artículo 36.16 de la Ley de Seguridad Ciudadana sólo habla de «lugares públicos» y «transportes colectivos», el coche queda fuera. Resultado: el interior de un coche pasa a ser zona de impunidad legal para la tenencia y el consumo de drogas.

Ninguna sanción. Ninguna denuncia. Criterio cerrado.

Esto no lo dicta un juez. Lo firma un burócrata.

¿Quién ha tomado esta decisión?

No ha sido el Tribunal Constitucional. Ni el Supremo. Ha sido el Ministerio del Interior. Que depende del presidente del Gobierno. Esto es política de Estado. No hay error. Hay diseño. Y hay beneficiarios muy concretos: los mismos de siempre.

  • El camello, que ya sabe dónde puede operar sin molestia.
  • El consumidor, que tiene su refugio legal en plena vía pública.
  • Y el narco, que ve cómo crece su mercado sin riesgo alguno.

La seguridad jurídica del delincuente ya es política oficial. La inseguridad ciudadana, una externalidad asumida. Mientras tanto, al policía se le ordena que no actúe, que no valore, que no piense. Que mire hacia otro lado.

¿Qué se está construyendo?

No se construye el narcoestado en la esquina. Se construye en el despacho. Se firma con membrete oficial. Se argumenta con sentencias recortadas y se aplica con boletines internos. Se disfraza de respeto a la legalidad, pero es una rendición encubierta del Estado ante el delito difuso, cotidiano y normalizado. Ese que da dinero, poder y votos.

Hoy se declara sagrado el coche. Mañana será el portal. Pasado, el parque.

Y cuando el Estado retrocede, alguien ocupa su lugar.
Y ese alguien son los lobos.
Van armados pero no llevan placa,
e imponen su ley a golpe de gatillo.

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